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La vida de las Ballenas en nuestro Océano Austral pende del compromiso de Sea Shepherd con la vida en la Mar Océano
Operación Tolerancia Cero
misión cumplida
algo para recordar
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Los mejores sitios para avistar ballenas en Chile

SON GIGANTES, pacíficas, curiosas y se puede decir que poseen una "belleza exótica", gracias a sus cuerpos obesos, cabezas con callosidades y bocas barbudas. Su fama es indiscutida, no existiendo otro animal que genere tanto apoyo popular, tratados internacionales para su conservación y un flujo de turistas tan alto a nivel mundial (mueven más de 13 millones de viajeros al año por el mundo). Las razones abundan para impresionarse con estos animales. Por ejemplo, son los únicos mamíferos completamente acuáticos (nacen, comen y hasta duermen en el agua), tienen uno de los cantos más complejos del reino animal y uno de sus representantes más emblemáticos, la ballena azul, es el animal más grande que vive y que ha vivido en la Tierra. Sí, más grandes que los dinosaurios. Sin embargo, para entender realmente por qué impresiona y simpatiza tanto una ballena, hay que estar ahí: emocionarse al ver el primer soplo en el horizonte y que su corazón se acelera de golpe cuando escucha una estremecedora respiración a sólo metros de distancia. Ver cómo se acercan poco a poco y darse cuenta de que ellas doblan en tamaño su frágil embarcación y que podrían darla vuelta si quisieran. Tomar confianza poco a poco, porque no son agresivas, pero sí extremadamente curiosas. Observar cómo se mueven y sumergen, mostrando su gigantesca cola para ser fotografiada. Ver que, a pesar de su tamaño, hacen acrobacias e incluso saltan levantando sus 40 toneladas de peso, salpicando litros y litros de agua como en cámara lenta. Hay que estar ahí para ver las reacciones de los que observan: caras de emoción, garabatos, gritos, aplausos e incluso abrazos de felicitación como si fuera un triunfo personal. Y, finalmente, hay que estar ahí para saber que uno es un afortunado y estamos viendo a una sobreviviente, una especie que logró resistir a la industria ballenera que casi las llevó a la extinción.

CHAÑARAL DE ACEITUNO: DESCANSO EN ATACAMA.- Cada año, entre noviembre y abril, las ballenas migran desde las aguas cálidas de Centroamérica hacia la Antártica, para alimentarse. En el área norte de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, la corriente de Humboldt posee abundante alimento, por lo que las ballenas suelen hacer una detención en su ruta migratoria. De esta forma es posible ver ballenas minke, azul, fin, franca austral, jorobada y otros cetáceos como cachalotes y delfines, especialmente el delfín nariz de botella. Para salir a observar ballenas, simplemente hay que hablar con los pescadores de la caleta, que cuenan con embarcaciónes para hasta 10 personas. De fácil acceso, ya que se puede llegar en auto por un camino de 78 km que se desvía de la Ruta 5 Norte (a la altura de Domeyko, Km 630) o tomar un camino costero que se abrió el año pasado desde Punta Choros.

PUÑIHUIL Y MELINKA, TERRITORIO AZUL Tras la matanza de la industria ballenera, hubo largos años en que no se registró ningún avistamiento de estas ballenas en los mares chilenos. Pero hace aproximadamente una década comenzamos a ser testigos de un milagro: las gigantes azules estaban de regreso. Hoy, el Golfo Corcovado y el noroeste de la Isla de Chiloé es reconocido por la comunidad científica internacional como el área con el mayor índice de avistamientos de ballenas azules en todo el hemisferio sur. Se dice que no hay más de 3.000 en todos los mares del mundo, pero en esta zona se estima una población de más de 300 ejemplares y ya hay 159 individuos identificados fotográficamente. Verlas no es fácil. Es una zona muy extensa, de mar siempre tempestuoso y clima adverso, donde hay que tratar de localizar a estos animales de nado rápido y que apenas salen a la superficie un minuto para respirar y volver a desaparecer en las profundidades del mar. Por su tamaño no son animales acrobáticos, ni juguetones, pero ya con verlas y escuchar su poderosa respiración, es motivo suficiente para emocionarse y poder dormir en paz.
Texto extraído de La Tercera, Evelyn Pfeiffer, para el suplemento de Tendencias -
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actualizado Noviembre 18, 2015